Aún, en medio de la noche, me despierta la impecable pesadilla de sentir tu respiración a mi lado, aunque tus brazos lentamente me alejan, como si todo tu cuerpo se preparara solo para bostezar, para salir de lo mas nimio, de ese estado imperante de todas las cosas que han perdido el tiempo y el espacio en el mundo y que han podido perpetuarse en la eterna lentitud de la memoria y tan solo tratas de abrirte paso entre sabanas y brazos, entre brazos y piernas, entre yo y el olvido, pero permaneces, tus calcetas puestas y tu cobertor solo, en el piso ahí tirado sobre el recuerdo de la semana pasada, al lado del sexo que no se completó ayer por que los dos somos torpes y nos chocamos todo el tiempo, como niños perdidos jugando a la gallina ciega, o a la gallina ciega que le pone la cola al burro....