Llega la oscura noche que ya había contagiado tu mirada, te vas como un grande entre grandes, un héroe que al fin, antes de cumplir cien años sobre la tierra, parte de ella dejando un maravilloso legado de letras increíbles de obras extraordinarias, dotado de un talento como pocos, te vas, pero en mi corazón siempre quedará el recuerdo de un escritor sabio, de un gran hombre y de un incansable guerrero por la humanidad y los derechos del prójimo, en una búsqueda constante de la verdad, como lo hiciste en el informe Sábato; obra fundamental en la historia de Argentina una lucha por las víctimas de la junta militar. Más allá de las más profundas pasiones, el dolor y la oscuridad que habitan en el corazón del ser humano, le diste sentido a la existencia de todos los latinoamericanos que conocimos y sufrimos al lado de Juan Pablo Castel, de Martin e incluso de la maravillosa Alejandra a quien en su demencia amamos con una locura literaria, de los que quisimos hallar nuestra propia Alejandra en este tortuosos devenir que nos mostraste a través del ojo argentino en Abaddón. Hoy me despido y homenajeo con estas insulsas letras a un grande de la literatura latinoamericana, un genio, un físico de la novela psicológica. Paz en tu tumba Ernesto, que tu recuerdo y el de tu trabajo por la humanidad permanezcan, no solo en nuestros corazones, sino en la vida de cada uno de los que conoció tu obra.
Alexander Naranjo 30 de abril de 2011.
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