Buscar este blog

viernes, 1 de abril de 2011

Recuerdos de soledad.


Cuando llegó a la puerta se quedo ahí parada sostenida en el tiempo, tan solo mirando la cerradura, con las llaves en su mano, no sabía si entrar, era su casa se decía una y otra vez, a pesar de todo esperaba que se encontrara ahí como siempre con una sonrisa en el rostro, por que para ella el no sonreía solo con los labios y la boca mostrando todos sus dientes , para ella el sonreía con todo su rostro con sus ojos, con sus pómulos, con su frente, algunas veces incluso sentía que le sonreía con su cabello negro y siempre bien cortado, ella sentía que cuando él le sonreía y sus ojos llenos de amor y una felicidad infantil, la miraban podía hacer que lo imposible no existiese; esperaba encontrarlo como siempre a esa hora fumando un cigarro y tomando una copa de vino, esperándola para que se sentasen juntos a la mesa y se tomaran la mano, como lo hacían casi todas las noches que llevaban viviendo juntos, por tres años dos meses y seis días.  Inmediatamente vino a su cabeza el día que él se lo propuso, estaban en el parque donde almorzaban juntos dos veces por semana sentados en el pasto con una botella de vino y unos sanduches que él, aficionado a la cocina desde muy joven, preparaba para el deleite del paladar de ella, siempre fue un excepcional cocinero.
Empezaron como todos los que están enamorados, a profesar cuanto se extrañaban , él dijo sin más rodeos – Porque no te vienes a vivir conmigo, no quiero tenerte lejos mas – Ella le respondió que se quería casar no solo convivir con él- directa como siempre lo fue, como siempre que tocaban el tema el atacó el matrimonio y le dió un millón de razones para que ella creyera en el amor y el compromiso que sentía, una semana después tenía  todas sus cosas en su nuevo hogar, y ahora tanto tiempo después, ella estaba ahí, parada frente a la puerta con la llave en la mano sin atreverse a entrar, sin saber si él estaría ahí, por que el ser humano a pesar de sus errores y decisiones , a pesar de la certeza y de la conciencia del alma, siempre guarda esperanza, siempre espera que al final todo salga bien.
Introdujo al fin, la llave, la giro lentamente y con una delicadeza singular, como si esta se pudiese  romper en mil pedazos y quedar rota dentro de la cerradura y sellarla por largo tiempo, aun con el miedo constante y el deseo latente de hallarlo en su sillón favorito con su sonrisa en el rostro  y un abrazo de bienvenida.
Dio unos pasos dentro de la casa que ella había redecorado un año atrás, puso su abrigo en el perchero, su bolso y sus llaves en la mesa que estaba al lado de un espejo alto del tamaño de un hombre alto, muy alto, para que ambos se pudiesen contemplar antes de salir a fiestas, a reuniones con sus amigos o solo para ir a cenar con sus padres, encendió la luz y se asombro al ver su rostro demacrado y sus ojos rojos e hinchados por el llanto, se miro detenidamente y se preguntó cómo su aspecto había cambiado tanto en solo un par de días de angustia y dolor, de separación y cambio.
Dijo con voz temblorosa – Estas ahí?- , y solo el grito desgarrador del silencio contestó, repitió varias veces esperando respuesta, una respuesta que nunca llegó. Porqué no me respondes, habla conmigo, no me ignores, pensaba desde el recibidor y sentía el aroma penetrante a tabaco y merlot casi podía saborearlo, seguía preguntándose una y otra vez sin hallar respuesta y la casa le parecía enorme, silenciosa y tan oscura, quizás como nunca la había notado, es increíble como la memoria nos engaña de forma tal que el recuerdo se puede apoderar del presente y crear en nosotros la ilusión de algo y algunas veces de forma más cruel, de alguien, escuchó que el sillón crujía, se apresuro a entrar a la sala para ver si él estaba ahí, entró con los ojos rebosantes de esperanza, que al ver la habitación completamente vacía, se esfumó, o más bien se convirtió de forma inmediata en la angustia que le había acompañado estos últimos días.
-       Estas despierto?  Dijo ella.
-       Ahora sí, refunfuño él
-       Que pasa por que no duermes? Replicó
-       No sé, estoy triste. Respondió ella.
-       Porque, ahora que hice? Le dijo con una pequeña sonrisa en los labios mientras le acariciaba el rostro a media luz, esa clase de luz que entra a media noche, esa luz furtiva que solo nos deja distinguir formas.
-       Tú no has hecho nada, soy yo soy una tonta, me da tanto miedo que esto termine.
El la abrazo con fuerza y le beso el rostro como si consolara a un niño que no para de llorar, después le dijo:
-       Te Prometo que siempre estaré contigo, te amo demasiado.
Solo miraba el sillón esperando no se qué cosa y las lagrimas empezaron a caer, a brotar de su rostro primero una por una y luego eran demasiadas, se convirtió en un llanto incontenible, se abalanzó sobre el mueble y lo abrazó, aun sentía el calor de su piel y su respiración fuerte y constante.
Cuando sintió su olor aun presente y quizás por muchos años más, porque aquel olor habitaría para siempre en ella, vino a su mente el día que se conocieron. Ella había salido a un bar con uno de los muchos amigos que tenia y el estaba con su mejor amiga quien aun sobrevivía a ese tiempo. En toda la noche no se habían notado, ni una sola vez se habían mirado, hasta que sonó una canción, y cada uno solo y por su lado, salió a bailar y ahí bailando se notaron, se vieron a los ojos, se miraron por un instante que les pareció infinito, se miraron como si viesen en sus almas y en sus corazones, el se acercó y empezó a hablar con ella, sin darse cuenta habían abandonado a sus acompañantes y estaban en la barra hablando de política y ambos con deseos incontenibles de besar al otro, esa noche se besaron, se abrazaron y después empezaron a escribir una historia que ya llevaba más de cuatro años y que por un golpe del destino tenía un desenlace extraordinariamente doloroso.
Entró en la habitación y se preparo un baño para tratar de dormir, sentía el peso de mil años en sus hombros, ella siempre había creído que el tenia un alma antigua y que había vivido demasiado en muy poco tiempo, a veces eso la irritaba, pensando en cuantas había amado y con cuantas había hecho cosas que con ella nunca haría, abrió el armario y se quedo ahí repasando su memoria y tomando sus recuerdo una y otra vez, miraba toda su ropa, que ahora parecía un cumulo de historias de amor perdidas para siempre, trataba de recordar algo que odiara de él, tal vez así sería más fácil, menos doloroso, pero no podía no sabía si era su ausencia o que ambos estaban hechos para compartir sus vidas, pero no podía, no recordaba nada, o al menos un detalle que ella no extrañaría de él.
Cuando se llenó la tina, terminó de sacar su toalla y su ropa de dormir, entró al cuarto de baño y se sentó en la bañera, trato de no pensar más en él, al menos por unos instantes que fueron demasiado cortos, sentía el agua tibia por todo su cuerpo y como un reflejo se vio con él en ese mismo lugar haciendo el amor.
Cuando se acostó, se arropó y tomo una pastilla para dormir, recordó lo que su madre le había dicho esa noche – Quédate conmigo hija, en tu casa te vas a ahogar, sino en lagrimas, en recuerdos-  pero eso era justo lo que ella deseaba, ahogarse en lagrimas y embriagarse en recuerdo, sabía que él no volvería pero se empeñaba en mantener esos recuerdos vivos.
Tomo su bolso y saco un sobre que contenía una carta, al mismo tiempo otro papel salió de este, y cayó al piso, le miró con todo el desprecio que podía mostrar, observó el sobre y tenía su nombre, lentamente lo abrió, era una carta muy arrugada, parecía haber sido leída un millón de veces, empezó a leer.
“ No sabes cuánto dolor habita en mi corazón, mi partida ya es inminente, mi alma y mi corazón se aferran a ti, y a todos los momentos que he vivido contigo, gracias mujer porque me hiciste muy feliz, sé que esto no es fácil para ninguno de los dos, pero lo que ha de ser será, me voy, pero amándote como siempre lo he hecho con gran intensidad, fuerza y mucha humildad; queriéndote hacer tan feliz como lo he sido siempre a tu lado…  Espero que perdones mis caprichos y errores, espero que nunca olvides cuanto te amo y que no importa la distancia, el tiempo y el mundo mismo, te prometo que siempre estaré a tu lado.    Te Amo”.
La fecha era de tres días atrás, las lagrimas no paraban y los lamentos eran desgarradores, dobló la carta lentamente y la puso de nuevo en el bolso, miró el papel doblado en cuatro que estaba en el piso y trató de ignorarlo apagó la lámpara y recostó su cabeza en la almohada, y tal vez en sus sueños escuchó la voz de su amado y sintió su abrazo fuerte y protector mientras decía –Te prometo que siempre estaré a tu lado…            y mientras se dormía y recordaba las palabras del médico dos días atrás,
--“Señora lo siento su esposo falleció…..”.
Por: Alexander Naranjo

No hay comentarios:

Publicar un comentario