El cigarrillo perfecto.
Levanta su cuerpo tembloroso y lleno de sudor, su alma aun no regresa a él y su corazón parece incapaz de seguir el paso, late como si estuviera fuera de su pecho y ella lo sostuviera con sus manos desnudas.
Su cuerpo desnudo, su espalda tibia y con un aroma a lujuria, ella se queda tendida aun suspirando y tratando de tomar cada bocanada de aire que se le escapó, el trata de reponerse lentamente se sienta en la cama se pasa los dedos por el cabello y se limpia el sudor de su rostro, todavía no se compone, aun siente correr por todo su cuerpo el latigazo de pasión, de éxtasis que le sacudió, que le partió el mundo en dos, como si un rayo le atravesara el cuerpo partiendo de la cabeza y fulminando su espalda, su columna vertebral se descarga en su sexo y lentamente con la paciencia de un sabio busca la salida por sus pies, que no paran de temblar, somos solo humanos y cuando alcanzamos un lugar en el cielo, lo hacemos cuando nos despojamos de todo frente a otro, cuando desnudamos nuestra alma, nuestro corazón y lo dejamos todo, absolutamente todo y en ese instante de vértigo y entrega, sentimos el abismo de la soledad desaparecer bajo nuestros pies y por un instante nos sentimos realmente cerca a esa otra carne, a esa piel, a ese deseo, a esa pasión que nos consume, que nos deja exhaustos y felices tranquilos navegando por un mar etéreo de una paz infinita.
El sonrie con una felicidad que le sale por los poros, sonríe, no solo con la boca, sino con el cuerpo con los muslos, con las piernas, con el pecho, con las manos, con los ojos, sonrie con todo lo que de él se puede tocar, ella lo mira por un instante y en la comisura de sus labios se empieza a dibujar esa sonrisa que tienen las mujeres cuando estan perdidamente enamoradas, es una extraña combinación entre ternura, deseo, satisfacción y protección, se voltea y sus pechos quedan expuestos, maravillosos templos de pasión y ternura, se toca la cabeza y mientras la sonrisa se escapa cierra los ojos como si regresara a ese instante en que ambos salieron de sí para convertirse en sexo, puro y sin limitaciones mas allá del dolor y del amor, mas allá de ellos, del tiempo y de la sucia habitación en que se encuentran.
Él se levanta aun mareado, pone a sonar su canción favorita, toma un cigarrillo, se acomoda al lado de ella y la abraza, le susurra al oído muchas de esas cosas que la gente se dice en la cama, tal vez un te amo o tan solo un suave beso en el lóbulo de la oreja, es uno de esos actos que pertenece solo a los amantes que lo han dejado todo en el campo de batalla, que han entregado hasta el ultimo de sus suspiros por alcanzar esa tan anhelada conexión con ese otro que es el objeto de sus deseos y pasiones incluso las mas oscuras e innombrables.
Enciende el cigarrillo con una pasividad parsimoniosa como si se tratase de un ritual, mientras aspira la primera bocanada de tabaco observa el cuerpo desnudo, tembloroso y aun cubierto de sudor de ella, aun siente el éxtasis da un par de bocanadas mas, y no se puede contener lo tira, toma un poco de café frío sobre la mesa y empieza de nuevo la búsqueda, el acto de reencontrarse.
Alexander Naranjo julio 7 de 2011
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